Es el momento del propósito más allá del lucro

La economía del propósito

Estamos ante la llamada “economía del propósito”, una reinterpretación del capitalismo que deja de asumir como principal norma de comportamiento, personal y empresarial, la maximización del beneficio.

El término nace del ensayo homónimo publicado en 2014 por Aaron Hurst, fundador de Imperative, plataforma tecnológica para líderes de la nueva economía. Según sus planteamientos, la economía basada en la información surgida a mediados del siglo pasado empieza a ser sustituida por otra basada en el “propósito”, entendido como una meta subjetiva y no ligada al rendimiento económico. Esta meta debe involucrar a todos los agentes económicos generando empresas basadas en valores, administraciones reguladoras que faciliten ese fin y consumidores conscientes y comprometidos.

El propósito se ha convertido, por tanto, en la razón de ser de muchas empresas, que han entendido medianamente cuál debe ser su papel en la sociedad. Un ejemplo de ellos es que el 78% de los directivos españoles considera que tener un propósito corporativo claro es rentable y contribuye al negocio, según la encuesta “Los directivos españoles ante el propósito: 5 claves”, elaborado por Desarrollando Ideas, el Centro de Liderazgo a través del Conocimiento de la consultora Llorente & Cuenca.

Con el paso del tiempo, la economía del propósito se ha ido convirtiendo en el paraguas y en el punto de reunión de diferentes prácticas innovadoras: economías como la circular, que defiende reducir al mínimo los residuos de cualquier actividad; la colaborativa, basada en el uso, intercambio o alquiler de bienes entre particulares; las que buscan una desaceleración de los procesos productivos o las que plantean modificar el paradigma para pasar de la competencia a la colaboración.

Ante este nuevo escenario, la redefinición del propósito es una tarea prioritaria que muchas empresas ya se están tomando en serio, examinando si el sentido de su existencia tiene que ver también con el bienestar de las sociedades con las que interactúan. Aunque el 50% de los directivos españoles considera que sus compañías tienen un propósito fundacional, público y definido, más del 80% no cree que sea urgente llevarlo a cabo, como se desprende del estudio de Llorente & Cuenca citado con anterioridad.

Queda de manifiesto que los diferentes grupos de interés intervienen directamente en la reputación y beneficios de las empresas y que el barco de la Cuarta Revolución Industrial necesita un rumbo mar cado por un propósito y por el ánimo de hacer algo positivo.

Las empresas que acometan su propósito con una visión de generar impacto social se beneficiarán de una marca capaz de lograr que los consumidores se sientan a gusto con ella, además de contar con compañeros de viaje distintos de los empresariales pero que otorgan “buena prensa” a la compañía: organizaciones sin ánimo de lucro, centros de investigación y colectivos sociales. Una corporación de este tipo también podría beneficiarse de la discriminación positiva en un concurso público.

Transformación tecnológica e impacto social

Tecnologías como la robótica, la computación cuántica, la inteligencia artificial, los macrodatos, la nanotecnología y la biología sintética sustituirán, alterarán y transformarán los modelos de negocio en prácticamente todos los sectores. La velocidad de los cambios obliga a pensar cómo reparar las grietas, tanto de revoluciones industriales anteriores como de las que puedan surgir ahora.

La realidad a día de hoy, tal y como se deprende de las entrevistas realizadas en el informe “Tecnología con propósito. El impacto social de la empresa en la era digital”, elaborado por el Observatorio Empresarial contra la Pobreza”, es que la mayoría de las empresas están más centradas en digitalizar sus procesos que preocupadas por buscar un mayor y mejor impacto de su actividad.

La necesidad de sumarse al cambio, no exime de dirigirlo. De la misma forma que los consumidores tienen en cuenta, cada vez más, las externalidades de los productos y servicios que adquieren y utilizan, las empresas también deberían sumar el factor propósito y el impacto social de sus planes de digitalización.

Se requiere, por tanto, de un cambio de mentalidad, tanto en la empresa como en otros actores sociales. Hoy en día, muchas corporaciones todavía desconocen las oportunidades que puede brindar la tecnología para resolver problemas sociales.

En un momento de transición como el actual existe una doble coyuntura: mejorar los procesos y la transformación tecnológica de la empresa, y buscar un impacto social positivo. En este contexto, donde la tecnología protagoniza buena parte de los desafíos pero también de las oportunidades, las estrategias de innovación social pueden llegar a convertirse en un instrumento de cambio en manos de las empresas, las cuales disponen en muchas ocasiones de la capacidad y los recursos para incidir, pero desconocen cómo lograrlo.

Por un lado, la tecnología permite conocer y acercarse con mayor profundidad a las causas estructurales de la pobreza desde una visión cada vez más global. Por otro, ayuda a encontrar soluciones para la exclusión y la desigualdad. Este planteamiento, de prevención y actuación, más sobre causas estructurales que sobre situaciones finales, es una de las oportunidades que brinda la tecnología. Lo importante no es solo saber dónde hay pobreza, sino por qué y cómo actuar de forma eficaz para disminuir sus consecuencias. Existe conciencia sobre la pobreza, pero es necesario que haya interés por resolverla.

En el informe “Tecnología con propósito. El impacto social de la empresa en la era digital” hay ejemplos de cómo empresas se están sumando a esta economía llamada “del propósito”. Más información aquí.