El empleo digno de los jóvenes como meta en los Objetivos de Desarrollo Sostenible

El empleo digno de los jóvenes como meta en los Objetivos de Desarrollo Sostenible

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) nacen en septiembre de 2015 con el ánimo de sustituir y renovar el espíritu de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

En el año 2000, 189 países se comprometieron a combatir en el plazo de 15 años todas las dimensiones de la pobreza en el mundo. Para ello, y a través de la Organización de las Naciones Unidas, se crearon los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio. Durante estos quince años de trabajo fue posible reducir a más de la mitad el número de personas en situación de pobreza extrema. Sin embargo, pese a los enormes avances y esfuerzos, no se consiguieron alcanzar estas metas: en el 2015, las mujeres seguían sufriendo discriminación, las tasas de mortalidad de los menores de cinco años eran casi dos veces más altas en los hogares con menos recursos, 800 millones de personas siguen viviendo en condiciones de hambre y pobreza extrema y 57 millones de niños que deberían ir a la escuela primaria no lo hacen.

Frente a este panorama, todos los países renovaron su compromiso por un mundo mejor y más justo. Nacieron los Objetivos de Desarrollo Sostenible, más amplios y ambiciosos. Ya no se busca solamente que todas las personas puedan tener una vida digna y con las necesidades básicas cubiertas, también se quiere lograr un cambio de paradigma en el modelo de desarrollo que sea coherente con las personas, el planeta y la prosperidad global a largo plazo.

El octavo Objetivo de Desarrollo Sostenible y el empleo de los jóvenes vulnerables

El acceso a un trabajo productivo y a un trabajo decente es la mejor solución para hacer realidad las aspiraciones de los jóvenes, mejorar sus condiciones de vida y darles un papel activo en la sociedad. El trabajo decente para los jóvenes fortalece las economías y fomenta un entorno de jóvenes que consumen, ahorran y producen.

GUY RYDER, DIRECTOR GENERAL DE LA OIT

En 2016, y para solucionar uno de los mayores problemas a los que la sociedad se enfrenta, se formuló un objetivo específico, dentro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que hacen referencia al empleo: “Trabajo decente y crecimiento económico”.

El empleo juvenil de calidad constituye uno de los focos principales de este Objetivo nº8 dadas las enormes dificultades que encuentra este colectivo para acceder a un empleo y las consecuencias dramáticas que este problema tiene para la sociedad. Así, en el octavo ODS, de entre todas las metas que contiene, se especifican las siguientes en relación a los jóvenes, a lograr en los próximos 15 años:

  • Lograr el empleo pleno y productivo, garantizar un trabajo decente para todos los hombres y mujeres, incluidos los jóvenes y las personas con discapacidad, y la igualdad de remuneración por trabajo de igual valor.
  • Reducir sustancialmente la proporción de jóvenes que no están empleados, no cursan estudios ni reciben formación.
  • Desarrollar y poner en marcha una estrategia mundial para el empleo de los jóvenes y aplicar el Pacto Mundial para el Empleo de la Organización Internacional del Trabajo.

El octavo Objetivo de Desarrollo Sostenible define a los jóvenes como público objetivo de las medidas encaminadas a la consecución de estas metas. La primera meta menciona el pleno empleo para todos, entre los que se encuentran los jóvenes y las personas con discapacidad; la segunda, que es la que se dirige específicamente a la juventud, está orientada a los jóvenes que ni estudian ni trabajan que constituyen un nicho de vulnerabilidad. Muchos de estos jóvenes presentan un elevado riesgo de ser víctimas de la pobreza y la exclusión social. Por esta razón, este grupo tiene que ser el objetivo primero y principal de las medidas encaminadas a garantizar la integración digna de los jóvenes en el mercado de trabajo.

El desempleo juvenil no tiene solamente efectos perjudiciales para los propios jóvenes afectados. La sociedad se arriesga a perder una generación entera de talento y ganas de trabajar y la oportunidad de rejuvenecer una fuerza de trabajo ya envejecida, además de numerosos recursos del Estado de Bienestar que serán necesarios para paliar las graves consecuencias en los afectados, como la pobreza y exclusión social, problemas de salud o la delincuencia. Todos los agentes de la sociedad tienen la responsabilidad y el interés de trabajar, de forma conjunta y coordinada, para conseguir alcanzar esta meta: las organizaciones internacionales, los Estados y los interlocutores sociales, como las empresas, los sindicatos y el Tercer Sector.

Acabar con el desempleo juvenil y los trabajadores pobres, especialmente los más vulnerables, no es solamente necesario para la consecución del octavo Objetivos de Desarrollo Sostenible. El empleo digno también permite avanzar hacia la erradicación del hambre y la pobreza, la igualdad de género y la neutralización de las desigualdades sociales. Sin empleo decente y de calidad para todos no es posible construir una sociedad integradora, justa y digna.

Puedes encontrar mucha más información sobre la lucha contra el desempleo juvenil en el informe que presentamos en 2017 ‘El camino hacia el empleo. ¿Qué puede hacer la empresa?’. Haz clic aquí, para descargártelo.

* Imagen cedida por Fundación Tomillo.