Trabajo y digitalización

trabajo y digitalización

Uno de los principales exponentes de las nuevas formas de desigualdad y sus retos asociados lo constituye el ámbito laboral. Las previsiones sobre el futuro del empleo son inquietantes. Los investigadores Carl Benedikt Frey y Michael A. Osborne, en su estudio The future of employment: How susceptible are jobs to computerisation, pronosticaban que el 47% de los trabajadores de EEUU podrían perder su puesto de trabajo por la automatización. El Banco Mundial, por su parte, vaticina que dos tercios de los empleos de los países en desarrollo son susceptibles de ser automatizados.

Asimismo, según el informe Un futuro que funciona: Automatización, empleo y productividad de McKinsey Global Institute, cerca de la mitad de las actividades por las cuales se pagan salarios equivalentes a 15 billones de dólares en la economía mundial tienen el potencial de ser automatizadas. Esto afectaría a un total de 1 100 millones de empelados, más de la mitad de ellos de China, India, Japón y EEUU. Algo que suele percibirse como una amenaza para el empleo aunque, en realidad, menos del 5% de los trabajos identificados en el informe son susceptibles de automatizarse por completo.

En España, el 21,7% de los empleos están riesgo de automatización y otro 30,2% puede sufrir una tremenda transformación provocada por la revolución tecnológica, según el último informe de la OCDE. De hecho, nuestro país se enfrenta a un escenario complicado, y solo Grecia, Eslovenia y Eslovaquia presentan un riesgo mayo, entre las 36 economías que pertenecen a la OCDE.

Algunas de las estimaciones ya tienen fecha. En el año 2022, podrían haber desaparecido 75 millones de puestos de trabajo en todo el mundo, aunque a su vez, se podrían crear 133 millones de nuevos trabajos que requerirán nuevas cualificaciones. Se estima que más de la mitad de los puestos de trabajo del futuro aún no existen, y mucho menos se conoce, pero prevalece el consenso de que estarán relacionados con la revolución digital. Aunque existen varias teorías sobre el futuro del trabajo, parece claro que nos aproximamos hacia un mercado laboral donde harán falta muchas personas con conocimientos digitales, informáticos, programadores de sistemas robóticos y de inteligencia artificial.

El Foro Económico Mundial, en su informe The Future of Work de 2018, incide en esta visión de la coexistencia entre el empleado humano y el robótico. Ahonda en la necesidad de volver a formar a los trabajadores y mejorar sus capacidades para que no sean desplazados por las máquinas, sino que aprendan a liderarlas y servirse de ellas. Se requerirán para ello perfiles directivos.

Tanto España como los países en situación de riesgo deben afanarse en formar a sus ciudadanos para asumir los nuevos papeles que brinda el mercado laboral. Cada vez se asienta más la idea de que es necesario el aprendizaje permanente o la formación “a lo largo de la vida” para estar preparado ante las dinámicas cambiantes del mercado laboral. El problema, tal y como advierte la OCDE, es que en España solo el 32% de los trabajadores por cuenta propia, el 45% de los temporales, y el 56% de los empelados indefinidos y a tiempo completo participan en algún tipo de formación al año.

Asimismo, el trabajo está mutando hacia la llamada “economía de los pequeños encargos”, una nueva relación laboral en la que se contratan empleados puntualmente para trabajos esporádicos que no solo aportan su mano de obra, sino también todo lo necesario para la actividad (una bicicleta, un coche o un ordenador).

En su informe Trabajar para un futuro más prometedor, la OIT explica la necesidad de articular nuevos mecanismos para salvaguardar los derechos mínimos de los empleados en la “economía de los pequeños encargos” y propone, entre otras medidas, un número mínimo de horas garantizadas y compensar el horario variable con una prima por un trabajo no asegurado, además de una remuneración por tiempo de espera para amortiguar los periodos en los que los trabajadores están “de guardia”. Otras medidas aprobadas recientemente por el Parlamento Europeo para mejorar las condiciones de estos nuevos trabajadores con contratos atípicos o empleos puntuales han sido la prohibición de periodos de prueba que superen los seis meses y de cláusulas de exclusividad, el derecho a una compensación en caso de cancelación tardía de la asignación de trabajo y el derecho a una formación obligatoria y gratuita, entre otras.

Un modelo económico que ha surgido gracias a las nuevas tecnologías es la denominada “economía colaborativa”. Se estima que en el año 2025, estas plataformas digitales, a través de las cuales los usuarios se ponen en contacto para intercambiar bienes y servicios, facturarán en el mundo 335 000 millones de euros, lo que supone un crecimiento del 2 000% en una década. En España, medio millar de empresas operan dentro de este segmento, muchas de ellas start-ups en campos todavía por regular. El negocio de estas compañías (Uber, Cabify, Blablacar, Airbnb, entra otras empresas) en nuestro país supone entre el 1 y el 1,4% del PIB total, aunque se situará en el 2,9% dentro de seis años.

En este contexto, las empresas se enfrentan a la digitalización y al cambio tecnológico con incertidumbre, un escenario que puede evitarse con un nuevo enfoque tecnológico que continúe sustituyendo las tareas más arduas y repetitivas, pero que a la vez abra hueco a otras oportunidades de empleo y formación. También se requiere un mercado laboral más prometedor que garantice adecuados derechos laborales. Para que esto suceda, es esencial que todos los actores participen en el debate y toma de decisiones sobre la automatización del empelo. Las empresas que están liderando el uso de la automatización pueden ayudar a mitigar las repercusiones negativas, al fomentar ellas mismas el debate sobre qué tipo de futuro se está diseñando e invertir en programas y oportunidades para desarrollar nuevas aptitudes.

Si quieres saber más sobre este tema, accede a nuestro informe “Tecnología con propósito. El impacto social de la empresa en la era digital”.